La oscuridad dentro de la bodega se volvió un infierno en cuestión de segundos. En cuanto la luz se apagó, el ruido sordo de los disparos retumbó por todas partes, iluminando el lugar con chispazos rápidos y violentos.
Vega no lo pensó dos veces. Corrió hacia mí, me agarró del cuerpo y me tiró al suelo detrás de una columna de concreto justo cuando las balas pasaban rozándonos.
—¡Quédate abajo! —me gritó Vega, sacando su otra arma.
Se asomó por un lado de la columna y empezó a dispararle a l