CAPÍTULO 30: Provocaciones y veneno.
El sol apenas empezaba a asomarse por las ventanas cuando me levanté del sofá. Tenía el cuerpo entumecido, los ojos hinchados y una rabia amarga clavada en la garganta.
No quería ver a Vega. No soportaba ni la idea de cruzarme con él, porque sabía que si lo tenía enfrente le iba a gritar todo el asco que me daba. Mientras yo sentía que el mundo se me venía encima por todo lo que estaba viviendo, él actuaba como si nada, metido en un cuarto con cualquiera para desestresarse.
Fui a la cocina a bu