El motor de la camioneta retumbaba mientras avanzábamos por la carretera en medio de la noche. Gael conducía concentrado en la vía, mientras Vega iba en el asiento del copiloto ajustándose el chaleco y revisando sus armas. Yo iba atrás, pegada a la ventana, viendo pasar las sombras de los árboles y sintiendo cómo la angustia de no saber lo que podía pasar me encogía el estómago.
Pero no era solo pavor lo que sentía. Aún me quemaba el recuerdo de la voz de Vega en mi oído: «Por encima de mi cad