El silencio en el cuarto pesaba más que las paredes de madera. Me senté en la orilla de la cama, rodeando mi cuerpo con los brazos para contener el temblor que me recorría por dentro. Tenía un nudo insoportable en el pecho. No entendía qué demonios me estaba pasando; sentía una rabia amarga contra Vega por su actitud y su control absoluto, pero al mismo tiempo... la sola idea de Beatriz rondándolo me encendía la sangre de celos. ¿Por qué me importaba tanto? ¿En qué momento ese hombre peligroso