Un rostro amable

Al verlas marcharse, sentí un atisbo débil de alivio. Estar sola no me hacía tanto daño como ser juzgada, al menos por ahora. Sophie me observó como si fuera lo peor, no me acostumbraba todavía a su manera de ser, tan diferente a la que tenía en la mansión. Me pregunté si Stella sería todavía más despectiva conmigo afuera.

Me quedé recostada. Recuperé poco a poco la fuerza en las piernas y pude mover los dedos libremente. Traté de levantarme para sentarme. Noté que estaba experimentando una bue
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