Por un regalo divino, pude cenar sola en mi cuarto sin que nadie requiriera mi presencia. Busqué una bandeja con sándwiches de atún y la llevé, cerrando la puerta y quedándome a un costado de la habitación, en el suelo.
Ni siquiera quería subirme a la cama. Quería hablar con alguien que no fuera todas las malditas personas que vivían aquí. Me sentía acorralada con cada paso que daba. Solo Scott había hablado con sinceridad y él no podía hablarme o nos descubrirían. Así que estaba sola, completa