—¿No estás saltando de alegría? —preguntó Sophie, su mirada se iluminó.
Oh, sí, era genial ser acusada de envenenar al jefe de la mafia más peligroso y estar rodeada de potenciales enemigos. Sentí que me desvanecería si seguía pasando por estos nervios tan frecuentes.
—Sí, por supuesto. —fingí, era la reina de la mentira.
—Yo la acompañaré a buscar un disfraz perfecto. Tengo una idea. —Sam me empujó levemente a un costado.
Eso me hizo sentir atacada. No quería ir con ella. Maldita sea, me estab