El beso duró unos segundos nada más, pero en mi mente, se repitió infinitas veces. Nos separamos para cada cual seguir con la farsa. Él se quedó en su estudio, porque tenía que analizar más papeles.
Me quedé en mi habitación, leyendo lo que me había entregado. Cartas, eran cartas, no era cualquier papel. Pensé que sería un documento o algo así.
Reconocí la letra de mi hermana.
Apreté los puños por el dolor que esto me provocó. Sentí un escalofrío recorriéndome de pies a cabeza. Una lágrima rodó