Esos eran los instantes, los momentos, en los cuales dejas de ser para siempre la persona que fuiste en algún momento. Como si tu vieja versión terminara por completo de morir. Y lo que construiste por tantos años, se desmorona como un débil castillo de naipes.
Al ver ese látigo supe que no volvería a ser la misma.
Scott me sujetó por la cintura, besando tan sutilmente mi cuello que sentí cada parte de mi cuerpo estremecerse.
—Haremos algo nuevo, princesa. —dijo, con un tono de voz diferente,