Mis pies parecían hacerme flotar por los pasillos, mientras corría, sin respirar siquiera, el miedo me apretaba el cuello. Me sentía asfixiada.
—¿Qué es lo que he hecho? Dios mío… —empecé a sollozar, sin dejar de correr.
Estaba desesperada. Cuando llegué a la habitación de Daemon, el primer lugar donde nos vimos cuando llegué, me desplomé contra la puerta.
Trabé la puerta con un sofá que arrastré por el suelo. Necesitaba estar un poco resguardada al menos.
Dejé el arma sobre una de las mesas pe