Scott trataba de resistirse, de negarse, una parte de él quería apartarme. Pero otra parte, demasiado fuerte, quería hacerme suya. Lo veía en sus ojos.
El amor era inconfundible. Le estaba partiendo el corazón, jugaba con él, lo usaba para llegar a la verdad.
No quería sentirme mal. Haría lo que fuera por descubrir al asesino.
Sam estaba frenética también, ahora que Scott casi estaba por penetrarme. El sonido de la puerta se escuchó violentamente.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó Sam, algo fastid