Mundo ficciónIniciar sesiónActo IV-Culpable~
¿Cuál era mi verdadero deseo cuando decidí tomar el lugar de Alfa por la fuerza? Si pudiera hablar con el Ery del pasado sería lo que le preguntaría dado el hecho que ahora tengo que vivir cada maldita consecuencia suya.
Nunca me han importado los demás, yo jamás le importé a nadie pues solo sabían señalarme como un maldito por el destino que tuvo mi madre al engendrarme. Pensé que me eran indiferentes, jamás sentí culpa ni siquiera de aquellos que perecieron en mis manos y por quienes gané el nombre de “Lobo del infierno” era más mi instinto de supervivencia y venganza. Gracias a ello me impuse el respeto que me negaron todo ese tiempo. Aun así ya no recuerdo la razón por la que creí que ser un Alfa sería mi mayor objetivo en la vida. Quizá fue para imponerme sobre todos, ser respetado y que finalmente me dieran un lugar en la manada.
Desde Cady todo eso parece algo banal, egoísta, me repugna lo que fui y lo que aun soy. No tenía idea, nunca me senté a pensar en el grave daño que mis acciones causaron a los mismos miembros de mi manada. La amistad rota de dos amigas que se criaron casi juntas y que vieron caer sus respectivos hogares de origen noble. Provocando la ambición en una de ellas y que esta le robara su pareja a su propia mejor amiga. También que tuvo su oportunidad y el momento de debilidad de ese idiota debido a que fui yo quien lo propició con los entrenamientos al no importarme que fuera un recién casado.
— ¡MALDICIÓN!
Shawn ha intentado en vano hablar conmigo mientras lo bloquee por casi dos días. No importa cuántas veces me pellizque entre los ojos ni lo poco que haya dormido, la culpa no se va, ni siquiera se diluye un poco.
Ella me dijo que tengamos uno, está dispuesta a darme un heredero y que juntos tengamos un cachorro. Jamás unas palabras así me hicieron más feliz, yo también lo deseo… pero no lo merezco.
¿Cómo puedo atreverme siquiera a pensar en tener un hijo cuando ni siquiera sé cómo ser Alfa? ¿Qué puedo enseñarle?
—Solo haré un nuevo lobo del infierno para que me suceda.
Mi risa irónica está cargada por un inmenso dolor que quisiera salir en forma de un gran aullido y destrozar todo a mi alrededor. Pero hay algo que me impide salirme de control.
Es este lugar al que no me atrevería nunca a cometer un solo acto violento que mancille algo tan precioso y sagrado.
Aunque ella ya no está más en este mundo su olor a flores como dalias persiste, eso es porque esta habitación tiene magia.
Incluso se ilumina cuando percibe que alguien entra y se vuelve penumbra cuando no hay nadie. Es un lugar en efecto especial, obra por entero de Sieg quien quiso hacer un regalo a su pareja.
Su olor es un respiro leve de paz, sus pinturas me hacen sentir su falsa cercanía y el olor de las pinturas estimula en mi imaginación otra realidad.
Un Alfa que sin crecer perturbado ni maldito por nacer puede gozar de una familia normal y ser un líder excelente. Alguien justo, noble, respetado y querido por su bondad y no por el terror que impone.
Esa mujer no es más débil ni frágil como el capullo de una mariposa, me enseña a pintar como ella y reímos juntos. Comienzo a verlo con más claridad debido al sueño de Eardwulf donde él tuvo esa oportunidad…
—Tuviste esa oportunidad a pesar de ser un demonio como yo.
Pensar en mi rival ya no es algo que me llene de celos, puedo entender a ese pobre diablo, somos iguales en tanto que me es imposible juzgarlo y tener la osadía de desafiarlo.
Detengo por un momento los movimientos del pincel.
En todo este tiempo solo he hecho plastas de color sin forma. Suspiro con frustración comparando lo que hice con el cuadro más sencillo de ella en la habitación. Desde que falleció ninguno de sus cuadros se ha exhibido en la manada, todos ellos fueron retirados.
Hay uno en particular que puedo disfrutar desde este ángulo. El cuadro donde mi madre pintó distintas flores entre ellas dalias.
Cuando vi por primera vez el cuadro de mi madre y supe que ella sentía una gran pasión por la pintura quería hacer algo que a ella le gustara. Si lograba hacer algo parecido tal vez mi madre no me vería como una mala semilla.
Aunque me empeñara en hacerlo no se me daba mucho y no era bien visto que digamos como un futuro Alfa llenarse las manos de pintura y dibujar paisajes o flores.
El día que me convertí en Alfa, ordené abrir esta puerta aunque fuera por la fuerza. Quería saber lo que guardaba con tanto recelo Sieg quien siempre llegó a cruzarse conmigo por los pasillos por estar rondando por ahí.
Fue la primera vez que Sieg no me mostró su soberbia y accedió abrir con tal de no ver destrozada la puerta.
Él me dio la llave que le arrebaté, le dije a Milo que se encargara de sacarlos del edificio. Sieg no opuso resistencia hasta que ordené quemar todo ahí.
Entonces, por medio del enlace mental su lobo quiso comunicarse conmigo.
'Imploro que no destruya la memoria de su madre, Alfa'
Vaya osadía de pedirme eso cuando fue él quien me privó de siquiera asistir a su despedida fúnebre.
Sentí el extraño relieve de la llave, una flor de Dalia con una joya incrustada, el mismo color de los ojos de mi madre.
Reconocí de inmediato el estilo de ella, este lugar era donde mi madre hacía sus pinturas. Recordé su sonrisa y su último abrazo. Quería destruirlo todo pero no pude hacerlo. Desde entonces conservo la llave y a veces, cuando me gana esa nostalgia al recordarla vengo aquí y me imagino como seria todo si ella viviera y me mostrara sus pinturas.
Suspiro y libero un gruñido de insatisfacción y molestia.
Frente a mi esta un lienzo con algunas pinceladas que he pintado con amarillo como ámbar.
'Estar aquí encerrado no cambiará nada, Ery'
Shawn finalmente se ha liberado del bloqueo temporal que le impuse.
Lo sé.
'Mi madre pensará que otra vez la estas evadiendo después de usarla'
— ¡Ya lo sé! ¡¿Crees que no lo he pensado, Shawn?!
Hacer esto me calma, pero dejó de servirme cuando ella llegó a mi vida.
Cuando tomo el pincel no puedo evitar pensar en ella, quiero hacer un paisaje como el campo de batalla o algo que me haga distraerme un momento de la culpa por mis actos estúpidos y egoístas. Pero me basta con ver el color amarillo ámbar para perder el control.
No puedo, solo su rostro es algo que mis manos se niegan a dibujar.
No quiero olvidarla, tengo que dibujarla y pintar su rostro. Así podré recordarla cuando consiga el último precepto y se vaya.
O tal vez para que me haga compañía cuando le diga toda la verdad y me abandone, cuando sepa que es mi culpa todo lo que le sucedió a Lina de Fritz. Incluso el que ese Billford fuera infiel es consecuencia de todas mis acciones.
El solo pensar que ella me odie es...algo insoportable.
'Mi madre no te odiará, no lo hizo cuando le contaste que te robaste el lugar como Alfa. Incluso quiere un cachorro, tú también lo deseas...'
La primera vez te lo pasé, no me agrada que la llames madre, es extraño.
'Es mi madre, ella así lo desea'
— ¡Es mi pareja! ¡No puede ser tu madre! ¡Eres mi lobo!
'Sabes perfectamente que no lo es, tu pareja es Candace y Eardwulf es---'
— ¡No menciones a ese hombre!
Bastante tengo con sus sueños donde me restriega todos los momentos compartidos con Cady. Todo lo que ha hecho, todo en lo que nos ha involucrado por su deseo de evitar su muerte.
Maldita sea. No solo siento culpa por todo lo que hice en el pasado, también en cada sueño descubro todo en lo que nos parecemos como si fuera una sombra o su maldita copia.
—Incluso dibuja mejor que yo...
El cuadro lleno de pintura amarilla hasta derramarse se burla de mi falta de talento para esto.
CLaNK CLAnK CLANK
¡¿Quién abrió mi #### puerta?!
Antes de poder gritar al intruso, el olor de frutos rojos de inmediato me hace tranquilizarme y dejo de estar en guardia.
Ahí está ella, en el umbral de la puerta aun sosteniendo esta de la perilla.
—Cadenza.
Lo digo ya como una palabra que tengo en mi boca que ya han cosido a mi voz.
Ella me mira, no dice nada. Se talla los ojos tal vez debido a la luz mágica de esta habitación a la que cuesta un poco adaptarse.
Ella observa de lado a lado y cierra la puerta, después vuelve a abrirla.
CLANKCLANKCLANK
Abre la puerta, vuelve a observar, cierra de nuevo con todo y cerrojo...
Y repite lo mismo varias veces hasta que finalmente le pido que se detenga. Al principio solo me sorprende, luego me causa un poco de risa, pero cuando ya he contado más de 16 veces comienza a serme irritante.
— ¿puedes dejar de hacer eso?
Le digo abriendo la puerta de par en par mientras ella se queda quieta para finalmente emitir algo por su boca.
— ¿Pintas?
¿Eh?
—Digo, no es que hagas como si pudieras hacerlo y solo sostienes el pincel, ¿cierto?
¿Perdón?
—No solo te gusta mucho leer, también te gusta el arte... ¿cuantos pasatiempos más tienes que no conozca?
Ah, creo entender lo que pasa por su cabeza...
—"Es imposible que un bruto salvaje y Alfa de las cavernas sea culto" ¿no es así?
—No quise decir eso.
—Claro que eso crees y siempre lo has creído. Que soy un Alfa tonto, inculto, egoísta, un mal líder, un pervertido que solo piensa en tener sexo, aparearse y comer proteína para hacer músculo, ganar guerras como un cavernario, un completo cretino.
—No... Bueno, si lo creí al principio... pero ya no te veo así.
—Claro que lo haces y la gran prueba está en esas 20 veces que abriste y cerraste la puerta. Esperabas que fuera una alucinación, que en lugar de lienzos y pinturas tuviera instrumentos de tortura o una hembra desnuda con la qué desahogar mis deseos porque solo pienso con el pene.
—No.
—Adelante, ríete “Alfa Ery tiene un pasatiempo fuera de su nivel” ya lo descubriste, ahora, si estás contenta puedes irte y dejarme en paz.
—No me iré.
—Si Milo te lo dijo juro que---
—¡Milo no me dijo nada de hecho me hizo ir a otro lugar para buscarte y desviarme!
—Aunque quieras defenderlo---
— ¡Fue Sieg! ¡Me dio la llave y dijo que lo buscara por mí misma!
—Cady, no estoy de humor para esas patrañas.
—¡Es la verdad!
Ambos fruncimos el ceño y nos miramos en silencio respirando con agitación.
'Así solo acabarán peleando sin resolver nada'
—De acuerdo—respiro— ya me encontraste ahora te diré que deseo estar solo. Y antes de que te ofendas o pienses de manera precipitada... No, no te evado porque después de haber pasado los momentos más maravillosos me haya hartado y quiera deshacerme de ti.
Cady intenta hablar pero continúo.
—No, tampoco quiero decir con eso que no quiera verte nunca. Solo quiero un momento…Aunque no deseo pasar un solo instante sin ti en estos momentos paso por demasiados pensamientos en mi cabeza y no puedo aterrizar ninguno de ellos.
Ella abre la boca, ni siquiera la dejo emitir la primera palabra.
—No, tampoco quiero hablar—Respiro hondo—Lo último que deseo es hablar en este momento.
Y de verdad no deseo alejar lo más hermoso que he tenido en mi vida, tampoco quiero que piense que le rechazo. Ni siquiera me atevo a decirlo, apenas puedo liberar en mi voz unas palabras para que ella no lo malinterprete y termine herida como esa vez.
Estoy aterrado, confundido, si, es algo que un Alfa no debe sentir pero lo siento. Es por eso que---
—No necesitas decirme nada—me dice con una ligera pero refrescante sonrisa—Tampoco te pediré que lo hagas, solo quiero hacerte compañía. Prometo quedarme callada, no soltaré siquiera un suspiro.
De inmediato me cubro el rostro con una sensación entre vergüenza, frustración, resignación.
— ¿Por qué me haces esto? Podría creer que te importo si dices eso. Deja de compadecerte de mí, lo último que quiero es que me creas débil.
No sé si reir o frustrarme, un pequeño lugar de mi siente una pequeña esperanza de que lo hace.
—Me importas—Me dice simplemente sin saber lo mucho que acaba de alterar todo dentro de mí con esas únicas palabras.
—Maldición Cady... siempre sabes cómo hacerme perder todo el autocontrol que he logrado mantener en mí mismo desde hace tanto tiempo con tan solo unas pocas palabras...
Ella no responde solo me abraza.
Debería decirle que no, alejarla, no merezco su cariño ni que me mire con ese semblante lleno de vida y brillo cuando soy una maldita sombra de desgracia, destrucción. Al final solo puedo suspirar y dejar que mi deseo vuelva a ganarme al no resistirme al encanto natural de mi pareja.
— ¿Que hice para merecerte?
De inmediato la abrazo y aclaro lo que quise decir antes de que ella salga con conclusiones negativas.
—No me refiero a que seas indigna, quien es indigno soy yo.
—No eres indigno—Responde sin despegar su cara de mi pecho.
—Lo soy.
Ella niega con la cabeza.
—No te merezco—La abrazo con fuerza y al mismo tiempo cuido no hacerle daño— En realidad ningún macho en esta familia merece la bendición de la Diosa---
—Terren…
—Soy un monstruo, Cadenza. Un Alfa no debe sentir temor pero tengo un temor, seguir los pasos de todos ellos.
—Eres diferente, no lo harás—Me lo dice con tal seguridad que la culpa aumenta en mi interior.
—Tú te preocupas por los demás, incluso hiciste todo eso para que un miembro de la manada tuviera mejores condiciones de vida. Hace un tiempo me pediste que cambiara las reglas y que no me dejara guiar por rangos como Beta y omega, que todos deberían tener una vida digna...
Demonios dije que no iba a hablar. Pero no puedo evitarlo.
—Eres una Luna asombrosa, cada día que entrenas te vuelves más fuerte, lo haces solo como defensa no por atacar. Tienes compasión y aunque piensas que eres desconfiada quieres creer en los demás. No los conoces en absoluto...pero lo haces sin esperar nada a cambio.
Maldición creo que estoy llorando. Espero que no se haya dado cuenta.
—Viviste por años soportando a un jefe idiota que no tiene idea de todo lo que has pasado... Sacrificaste tiempo de tu juventud en cuidar de una anciana moribunda, eres dulce y tu corazón es tan puro... aunque te ha pasado cada mier--- y luego tuviste que encontrarte conmigo—mi voz se quiebra—un espejo de ese jefe idiota y a todos los que te hicieron llorar más de una vez.
¿Qué hice para merecer algo tan precioso?
Ella libera su cuerpo de mis brazos y empuja con sus manos mi pecho de su rostro.
—No soy tan pura como crees. Tampoco soy dulce, el primer día me porté grosera y te llamé un Alfa tonto.
De nuevo la abrazo, con cuidado sin dejar de ser firme.
— ¿Cómo no hacerlo? Acababas de pasar por cada situación que—mi voz se quiebra en agudos y hago una pausa—Te viste obligada a estar aquí, ver mi rostro y recordar a quien te hizo pasar por todo eso... En tu lugar me volvería un loco sediento de venganza. Tú solo dijiste lo que pensabas y liberaste toda tu frustración en algunas palabras de burla pero tenías toda la razón.
Tienes razón, Cady.
—Soy un Alfa tonto, egoísta, mis decisiones explosivas y mi soberbia han llevado a mi manada hacia el desastre. En ese juicio presencié cada consecuencia provocada por causa mía.
—Ery, tú no tienes la culpa de lo que hizo Rizz.
La tengo, porque si la nieta de Fritz hubiera tenido una mejor vida no habría soportado a ese macho arrogante y patán.
— ¿Por qué sería eso tu culpa?
Dije que no hablaría y heme aquí soltando todo porque no puedo permanecer callado cuando estás cerca.
Si te lo digo me odiaras... puede llamarme mala semilla cualquiera, incluso pueden despreciarme todo lo que quieran. Excepto tú. Puedo soportar que me miren como un demonio pero moriré cuando tú me veas así.
Quisiera que me vieras como alguien maravilloso, no como el lobo feroz malo de una historia donde soy el desalmado villano.
—Puedes contarme, Ery.
—Eres demasiado sensible, tu empatía por otros te llevará a odiarme... Con justa razón.
—Ya te juzgue demasiado mal y dejé que mis prejuicios me llevaran a la conclusión de que eras un patán por ser Alfa, porque así debe ser el protagonista ¡Quiero entenderte! ¡Déjame entenderte!
“Quiero entenderte” son las palabras que nunca creí escuchar de ella jamás.
Cuando ella me toma de las manos y me mira con tanta ternura me es imposible detener estos sentimientos que se desbordan por cada uno de mis poros. Ansiosos por salir, por reclamarla y abrazarla a mi pecho.
Aunque no lo merezco, cuando ella está frente a mí siento que por un momento puedo ser genuino y decir lo que jamás le contaría a nadie, ni siquiera a mi Beta. Incluso que puedo ser un poco feliz una pequeña fracción de ese instante.
Acaricio su mejilla con mi mano y con un suave movimiento acerco mi frente a la suya, después rozo mi nariz a la suya. Me llena de energía y dicha estar con ella.
—Soy un lobo muy malo, Cadenza. Hice demasiados actos egoístas, tomé decisiones que afectaron incluso a todos aquellos a quienes creí insignificantes al no conocerlos.
— ¿Lina de Fritz fue uno de esos afectados?
Asiento en silencio liberándola de mis brazos.
—Dime todo, Terrence. Te escucharé hasta el final.
Ella me evita voltear hacia otro lugar evadiendo su mirada, con firmeza y al mismo tiempo una ternura en su forma de tocarme me obliga a fijar mis ojos en los suyos. Mi cuerpo tiembla y mi corazón está latiendo como golpes de un tambor que anuncia una gran guerra. Es la única batalla que no quiero perder jamás. Si Cadenza me odiara sería…
—Gian, por favor—Me dice guiando mis manos hasta sus caderas sosteniendo cada muñeca con firmeza.
Ella lo recuerda, sabe que este tipo de contacto e intimidad me tranquiliza y me da el valor de abrirme, contarle todo aquello que nunca le diría a nadie más.
Asiento. La culpa me hace aferrarme con más fuerza a Cady, vuelvo a juntar mí frente a la suya, aspiro su aroma, siento sus labios en la yema de mis dedos. La sensación es real, desde las pequeñas chispas y cosquilleo que recorren desde mi cien hasta mi pecho, chocando como olas y separándose por distintos caminos hacia mis brazos, espalda, abdomen, mis manos arden por mantener contacto con su piel.
—Soy un lobo malo.
Acaricio sus caderas de palmo a palmo, lo recorro todo con mis manos trazando la forma de su cuerpo hasta tocar su pecho y encontrar sus perfectos pezones erectos en punta.
—Soy egoísta porque sabiendo que no lo merezco codicio tener a lo único que me hace sentir vivo.
Beso su cuello, su clavícula, bajo hasta sus pechos y beso ambos montículos sin dejar de amasar en ellos.
—Lina de Fritz es una joven que tuvo el infortunio de nacer con un nombre involucrado con mi abuelo y los Avery.
Cady tapa su boca evitando soltar un gemido, mis manos continúan tocando y mis labios distribuyen besos suaves y firmes hasta su abdomen bajo. Al mismo tiempo revelo lo que leí en el diario de mi abuelo.
—El Beta de mi abuelo era Geoffrey Fritz. Como Milo era muy cercano a él, eran mejores amigos—pauso para besar su muslo y continúo tras bajar mi mano—Cuando mi abuelo rechazó a su pareja, La Diosa Luna entregó una segunda oportunidad a esa hembra, fue el mismo Geoffrey.
Poco a poco pierdo ese temor a la verdad y revelo a Cady el pasado de mi abuelo, aquel a quien me parezco tanto como mi padre.
Justo después de rechazar a mi abuela, Remery tuvo otra impresión de ella por su respuesta. El impacto fue tan grande que se mantuvo el resto de la tarde con la mano en su mejilla sin poder darle un nombre a ese sentimiento extraño en su interior. Con el paso de los días fue su Beta quien le hizo poner los pies en la tierra cuando anunció con orgullo que había encontrado a su pareja destinada. Mi abuelo sintió como si todo su perfecto mundo se hubiera hecho añicos cuando supo el nombre de su destino "Gianna" para hacer más grande la agonía, mi abuelo había roto el vínculo en privado. Nunca le había contado a su Beta que Gianna había sido suya primero y que este la despreció por su origen.
Al principio mantuvo aquel secreto, sin decirle a su Beta la verdad se mantuvo molestando a Gianna y poniendo obstáculos en el camino de los para evitar que estuvieran juntos.
Mi abuelo no podía aceptar sus sentimientos por orgullo y pensando en lo que diría el consejo de sabios por aceptar una pareja de tan baja cuna.
A la vez, le era imposible dejarla ir. Se preguntó más de una vez la razón de ello, se supone que había roto el vínculo y la había rechazado.
Gianna no había aceptado su rechazo por completo. Para no debilitar a su Lobo, mi abuelo le había impedido rechazarlo a él en respuesta. Quería encontrar un contrato mágico así podría terminar con ella.
No esperaba que la Diosa tuviera otros planes y le vinculara de inmediato con su mejor amigo.
Cuando mi abuelo admitió lo que realmente deseaba, cuando finalmente se rindió por quien debió ser su pareja desde el principio, ella lo despreció. Remery incluso cambió su nombre como Alfa a "Remy" en honor a su loba Remi, algo muy cursi para unos pero un verdadero desafío a su rival pues anunció ante todos con su propia voz Alfa que Gianna era su pareja destinada. Ni siquiera le importó que aquella noticia fuera demasiado para su Beta quien siempre había sido muy leal y unido a él.
Tuvo que cometer demasiados errores y casi perder la vida en la guerra contra los vampiros al salvar a Gianna para poder redimirse ante ella.
A pesar de todo lo que le hizo mi abuelo, Geoffrey fue leal a su amistad con Remy, fue un Beta excepcional para ese Alfa codicioso. Poco antes de la batalla que podría ser la última para ambos, decidieron que Gianna debía elegir entre los dos y aceptarían el resultado.
Mi abuela eligió, desde el momento en que mi abuelo casi perdió la vida supo la respuesta. El lobo de mi abuelo y él se habían debilitado por la batalla, entonces Gianna marcó su cuello para salvar su vida.
Mi abuelo aceptó su unión con lágrimas en los ojos jurando que jamás le decepcionaría de nuevo, ganaron la batalla, ambos se unieron finalmente frente a toda la manada. La ceremonia fue opulenta y frente a todos marcó su cuello. Alfa Remy era conocido como el lobo con la sonrisa más radiante y el, que no se medía ni un poco en cada detalle y muestra de amor para su pareja, no disimuló ni un poco su dicha ni siquiera frente al perdedor que veía todo desde primera fila.
—Pero esa felicidad no duró mucho. Poco tiempo después mi abuela murió. Aunque no lo parecía desde el principio, cuando mi abuelo rechazó a su pareja, su loba Remi, se debilitó. Al rechazar a Geoffrey para elegir a mi abuelo con un vínculo casi roto en su totalidad... su vida se redujo considerablemente y acabó por perecer por el gran poder de mi padre.
El resto es historia, mi abuelo por mucho tiempo se preguntó si la vida de Gianna habría sido más longeva si ella hubiera elegido a Geoffrey.
Aun así esa culpa no le impidió volverse un ser despiadado y frío contra su propio hijo, ni siquiera al venir de su supuesta unión.
— ¿y su Beta encontró a su segunda oportunidad? —Me pregunta Cady con gran y curiosa ingenuidad mientras continúo acariciando sus pechos.
—No. Geoffrey de Fritz jamás volvió a recibir la bendición de la Diosa, nunca su lobo llamó "pareja" a alguien más—Pero se casó y tuvo una familia. Eligió a una hembra de otra manada, fue una unión política muy sólida.
Así funcionan las cosas aquí, Cady. Poder y lo que es conveniente, es lo único que importa al consejo y a la manada entera.
— ¿Y por qué tienes culpa de eso?
—Porque soy su nieto. Geoffrey no tuvo una pareja verdadera y su linaje se fue diluyendo hasta que su nieta nació como un Omega.
Mientras acaricio la piel de mi pareja, intentando no exudar de mis poros la culpa por todo lo que hice, bajo hasta arrodillarme, beso su vientre y lentamente meto mi dedo entre los pliegues de su intimidad. El sonido suave de sus gemidos resuena cubriendo entre mis palabras la agonía.
—Cuando tomé mi lugar como Alfa, después de la muerte de mi abuelo. Geoffrey fue a mi oficina, pidió por Remy y que tuviera una sepultura digna. Quería que buscara sus restos y los llevara a la manada.
No solo me negué a su petición que consideré absurda. Lo llamé traidor por mencionar su nombre en mi presencia cuando lo había prohibido en la manada. Había muerto como renegado por tanto no tenía lugar aquí y debía quedar en el olvido.
Entonces hice algo precipitado. Todo lo que tuviera que ver con mi abuelo merecía tirarse, quemarse y romperse.
Me deshice de su Beta.
—Lo envié supuestamente a la expedición que quería hacer para buscar a mi abuelo. Lo engañé, en realidad lo envié a una guerra donde sabía que jamás podría volver.
Cuando llegaron las noticias de su fallecimiento en batalla sonreí satisfecho. Lina era una sirvienta, no le presté mucha atención. Pero a todos aquellos que estuvieron a favor de mi abuelo y que esperaban que mi hermanastro fuera su Alfa, los hice caer en la desgracia y los dejé sin nada, incluida la familia Fritz y Barret.
No pudiendo escuchar ni una palabra más Cady me toma por las muñecas abruptamente y me impide continuar.
—Lo sé soy despreciable—Miro hacia un lado mío para evitar ver su rostro decepcionado— Alguien como tú es demasiado buena para mí---
Entonces ella vuelve a sorprenderme, se inclina y sostiene mi cuello con ambas manos, si quiere ahorcarme no voy a impedírselo, merezco todo el repudio que quiera darme. Pero ella no ejerce demasiada fuerza.
—Terrence—Dice firme mientras me obliga a mirarla.
Entonces suavemente roza sus labios a los míos, el tiempo se detiene, incluso los malditos latidos de culpa.
Suave, largo, tendido, un beso como ningún otro.
Uno que sabe a culpa y gloria a la vez, penitencia y redención… Infierno y cielo.
—Cady ¿no me odias? —Digo apenas alejando mis labios de aquella hermosa prisión.
—Nadie te enseñó a tener compasión, tampoco podías entender más allá de lo que aprendiste como un Alfa.
Un par de besos hacen un collar en mi cuello, el calor de sus labios acaba de derretir todo el hielo en mi interior.
—Si puedes aceptar tu error y sentirte mal por ello como para intentar hacer algo, significa que puedes cambiar.
Ella asegura que un cachorro no nace con el mal en su cabeza, son las circunstancias y la falta de una buena familia las que oscurecen su corazón. Sonrío, es con ironía esperando el peor de los castigos.
—Pero tú tampoco has pasado por buenos momentos. Nunca hiciste mal a otros ni pensaste en vengarte a pesar de---
—Lo hice— Me dice sosteniendo mi cuello con un brillo afilado y peligroso en sus ojos color ámbar —Más de una vez lo pensé pero nunca tuve las agallas de hacerlo.
Ella también me sonríe, es la misma expresión que tengo yo, ese esbozo en los labios llenos de secretos y culpa.
—Mi abuela creía que podría cambiar los errores de las mujeres Beckham. Por eso me llamó Cadenza, aunque en el registro hicieron lo que quisieron entonces terminé como "Cadence"
Ella ríe, es una voz seca y suave a la vez. Es nostalgia e ironía en una sola nota.
—Ella quería que fuera los signos de puntuación correctos para cambiar la historia. El solo que culmina en una canción que parece igual a cualquier otra. Me mostraba visiones del amor que yo no podía comprender. Yo tampoco tuve buenos ejemplos frente a mí, pero conocí la compasión por Sarah y el señor Bingley.
No puedo responder, es la primera vez que siento como si nuestras almas realmente se conectaran, como si pudiéramos comprendernos con una sola mirada y pudiéramos ver el dolor en el reflejo del otro.
—Sarah, mi hermana quien siempre me compartía desde su ventana lo bello del mundo y el señor Bingley que fue como el padre que “ese” otro remedo de hombre nunca pudo ser para mí.
Ella nunca me ha hablado de su padre, es la primera vez que lo menciona y parece detestarlo demasiado.
—Ambos estamos rotos, Ery.
Vuelve a besarme, es suave, demasiado corto, culminando con una pequeña risa y esta vez no la veo con alas blancas como un ángel, sus alas son negras, cada vez que creo conocerla encuentro algo nuevo en ella.
—Yo también, por lo que sé de mis diarios, tomé muchas decisiones que podrían herir a otros, quizá esté más podrida por dentro y mi alma esté retorcida---
—Nada de lo que hagas me hará verte como podrida o retorcida, Cadenza.
Ella suelta una risilla rápida y seca.
Niega con la cabeza y toma mi mano entrelazando esta con la suya.
—Digamos que los dos tenemos remordimientos que nos persiguen, quizá no podamos contarnos absolutamente todo, pero podemos comenzar desde ahí. Aceptar la consecuencia de nuestras decisiones y resanar todas las grietas que hayamos dejado.
—Para no saber de amor y fallar en comprenderlo, hablas como si fueras el amor mismo.
— ¿Y de quien es culpa, eh? —Me responde con una sonrisa traviesa—Cierto Alfa muy insistente y bobalicón se ha encargado de decirme que me ama a cada oportunidad que tiene.
—Entonces no es que me estimes sino porque crees ser más indigna que yo, no porque tenga la posibilidad de cambiar---
Suelto su mano mientras finjo estar ofendido y miro de lado, ella de inmediato me lo evita.
—Te estimo porque eres diferente a lo que creí, Terrence. Incluso si eres el lobo feroz del cuento creo que tuviste tus razones.
Levanta mi barbilla con su mano, me rode la espalda con su otro brazo.
—Además, si te soy sincera nunca he pensado que los lobos en los cuentos son los villanos.
¿Ah no?
Ella niega con la cabeza, su sonrisa serena es preciosa.
—La mayoría de los lobos solo quieren comer. Literal, el lobo hace todo aquello para comerse a unos cabritos y mientras descansa satisfecho llega la madre de ellos, lo abre del estómago, saca a sus hijos y le llena de rocas… Que por cierto, con inmensa precisión de cirujana, logra coser sin que este despierte y luego solo por rabia, le tira al río donde se ahoga.
¿No es un cuento demasiado sádico? Y pensar que esos son los cuentos que usan los humanos para dormir a sus cachorros.
—Lo mismo con caperucita roja, el lobo aunque devora a su abuela, solo tenía intención de comer... bueno, hay versiones que hablan de que el lobo era un depravado—hace gestos de asco— pero en la mayoría de estas historias simplemente es un lobo hambriento. Quiero creer que los lobos lo hacen porque lo necesitan así como los zorros y los coyotes atacan a las gallinas de una granja.
—Quien sabe, tal vez en esas versiones caperucita roja sea muy sexy.
Ella se ríe pero me golpea el hombro, aunque hace ruido no me duele en absoluto.
—Pervertido.
—Pero digamos que son los inocentes lobos que crees, incluso si es por necesidad ellos son depredadores y sus instintos asesinos persisten.
—Depende del lado de la historia quien es el villano, para esos animales solo obedecen a su instinto de cacería y supervivencia. Ni siquiera saben que cometieron un asesinato a una gallina llamada Becky.
Esta vez no puedo evitar soltar una carcajada.
— ¿Y cómo sabes el nombre de la gallina desafortunada?
—Los granjeros les ponen nombres humanos a los animales. Lo cual es un poco aterrador si pensamos que incluso si les tienen afecto acaban en sus platos para el Día de Gracias.
Nuevamente me hace reír, no tengo idea de lo que quiso decir con “el día de gracias” pero ella me parece adorable. Cuando habla de las historias o cuenta sobre lo que piensa de algunos asuntos de la vida cotidiana me hace desear conocer más ese lado de ella. No solo aquel desafiante del principio ni su lado adorable que me sonríe, quiero saber también aquel lado que guarda celosamente en un cofre con llave temerosa de dejarlo salir.
—Pobre Becky, bueno, al menos el lobo malo lo hace por una causa, no para dañar a otros…Bien, dejaré de ser un lobo malo y feroz, Cadenza.
— ¿No entendiste lo que quise decir con eso, Lobo bobo?
Besa la punta de mi nariz y creo que me he ruborizado por la sorpresa.
—En pocas palabras "Me gustan los lobos, especialmente el feroz y malo"
¡GULP!
He tragado grueso, nunca creí que podría enamorarme de ella más de lo que estoy. Acaba de robarme otro pedazo de mi alma y ni siquiera lo ha notado.
—Ah, pero eso no quiere decir que puedas ser un cretino y no conocer las consecuencias—Me levanta su dedo índice como si quisiera reprenderme— A partir de ahora vamos a enmendar todo aquello que hiciste mal. Solo puedes ser malo con quien lo merece o si es verdaderamente necesario que lo seas, nada de involucrar a inocentes.
Sonrío, siento un gran cosquilleo en mi rostro y calor desde mi nariz hasta las orejas.
—Tenlo por seguro, mi Cadenza. Soy un lobo muy malo y feroz pero jamás contigo. Y si lo que te hace feliz es ver a otros felices, este lobo malo hará bien a otros.
—Estás loco...
—Eso es lo que te gusta de mí—Le digo sabiendo que lo negará pero es divertido.
—Sí. Me gustas mucho.
Mi corazón salta, no esperaba esa respuesta.
Se hace una pausa larga entre los dos hasta que Cady se ruboriza en un tono carmesí que parece quemarle por dentro.
—¡Ah... me refiero a que me gustas como agradar...! No... Si me gustas—Hace una pausa y sacude su cabeza tartamudeando e intentando corregir en vano lo que ya escuché salir de sus preciosos labios—Eres apuesto y tu sonrisa me... ¡Ah, no es lo que quiero decir pero tú me entien---!
No dejo que termine, de inmediato tomo su barbilla y la guío hasta mis labios. Le di la oportunidad de huir, ya no puede escapar más de mí.
—Sea tu intención o no acabas de provocar al malvado lobo feroz que quiere hacer muchas travesuras y pintar tu cuerpo con “este” pincel.
— ¡Eres incorregible!
—Eso dices pero ya estas húmeda, mi muy querida pervertida.
— ¡Terrence!
En mi mano puedo sentir su vientre calentarse mientras comienzo de nuevo el ataque del gran lobo feroz.
Ery y Cady, distintos y parecidos a la vez, ambos han cambiado desde el primer día, fue gradualmente hasta volverse algo imposible de resistir del otro. Los dos con sombras del pasado que impiden avanzar pero al lado del otro se vuelven unas pequeñas nubes que se alejan con la suave brisa de un sentimiento al que Cady aun no puede nombrar pero cuya semilla ya comenzó a germinar.







