Mundo ficciónIniciar sesiónMi novia...
Cadenza es mi novia.
Acaricio los cabellos en su frente, veo con gran satisfacción sus párpados cerrados y el movimiento de su cuerpo al respirar, ella duerme en mis brazos. Esta vez no somos dos extraños, tampoco soy su amigo sino una pareja.
Una pareja de verdad.
—Te amo, mi Cadenza...
Sonrío por última vez aspirando su aroma y acurruco mi cabeza de manera que pueda oler los frutos rojos de su cabello.
Sé que ya tengo demasiada suerte y que debería conformarme con esta dicha temporal en la que tengo la oportunidad de que sea mía.
No debo desear nada más que eso pero, si pudiera pedir un deseo más...
Me gustaría abrazar el verdadero cuerpo de Cadence Beckham aunque fuera una sola vez.
Ya que no puedo dejar de ser el protagonista de su historia al menos quisiera un día...unos pocos minutos aunque fuera para poder verla y sentirla enteramente mía.
"Los quiero a ambos"
Cuando dijo eso creí por un momento que se refería a Eardwulf y a mí.
Por supuesto, de inmediato supe que se refería a regresar allá y quedarse aquí pero, incluso si ella no lo sabe, estoy seguro de que una parte de ella desea estar con ambos.
Conmigo y con mi rival, Eren Eardwulf, que por alguna razón comienzo a notar que "Ery" suena como su nombre y está dejando de gustarme.
¿Cómo habrá sido su primer encuentro? He visto desde los ojos de ese hombre las muchas veces que la ha mirado y sé que es su jefe “editor” sin embargo nunca he visto exactamente el cómo comenzó esa “relación” ambigua empleado-jefe para nada ordinaria.
¿Fue obsesión suya? ¿Supo que sería ella desde el primer momento?
Lo único que sé es que parte de sus deseos los transmitió en ese libro maldito que cambia el contenido todos los días como si intentara reescribir sobre sus errores.
Sus deseos reprimidos se han materializado en su protagonista quien, para desgracia de ese hombre, ahora posee de ella lo que nunca pudo obtener.
Es culpa suya por crearme, si no hubiera escrito por completo sus deseos, jamás me habría...
No.
Me retracto de eso último.
También estoy seguro de algo, Eren Grant Eardwulf. Lo que siento por Cady es algo completamente mío, no tiene nada que ver con lo que hayas o no escrito.
Me enamoré de ella, es una mujer maravillosa, me hace sonreír y ver lo bello de un día gris, porque su lado vulnerable también es hermoso.
Incluso si lo llaman "casualidad" mi amor por Cadence no solo es inmenso, también es enteramente mío.
En medio de mis sueños una luz cegadora y muy brillante me alumbra directamente a los ojos mientras intento cubrir con gran molestia mi cara con el antebrazo.
"BIENVENIDO a mi escenario, Joven Alfa"
Dice una voz distante que de inmediato busco al descubrir que estoy en una especie de tarima alta, rodeado por una habitación oscura y una gran cortina roja enrollada a los lados y frente a mí muchos asientos.
Es lo que Eardwulf llama en sus sueños "teatro"
"Así es, este es mi teatro y estás sobre mi escenario"
Repite la voz de alguien que puedo identificar como una mujer.
La oscuridad y falta de luz desde el lugar en que se encuentra me dificulta ver su rostro pero mi vista y oído son agudos. Incluso con la oscuridad puedo ver la forma de una mujer de cabello corto, pues por alguna razón su sonrisa es visible así como la forma en que cruza las piernas y acomoda la mano en su mentón.
"Felicidades, ahora que son novios es momento de una nueva etapa"
Me dice sin abrir la boca, es una sonrisa siniestra.
¿Qué quieres decir con eso?
"La paciencia nunca fue lo tuyo ¿Hmm? pero deberá serlo, Joven lobo"
— ¡¿Quién eres tú?! ¡¿En dónde está Cady?!
La única mujer entre los asientos ríe secamente sin abrir la boca hasta que finalmente responde.
—Descuida, ella duerme. Esta noche no entraré en sus sueños ni le obligaré a actuar para mi pequeña obra.
Su voz me resulta familiar y a la vez algo me impide pensar en dónde creo haberla escuchado antes.
La mujer sonríe.
—De verdad ustedes dos me están dando el mejor espectáculo de todos.
Mis ojos se abren al instante en que esas palabras salen de su boca.
—Schadenfreude...
—Oh, es cierto ese es el nombre que me has dado. Ya que me estimas tanto y me entregaste un nombre tan ingenioso he decidido llevarlo. Deberías sentirte honrado.
— ¡Creí que eras un hombre!
— ¿Acaso un Dios solo puede ser hombre? Las Diosas podemos ser peores ¿sabes?
—Deja a Cady en paz, ella ha seguido todos tus caprichos, déjala tranquila.
— ¿Qué diversión habría con eso?—Se levanta y sin dejar que la luz le ilumine por completo camina entre los asientos eligiendo otro donde se acomoda como si fuera una cama.
Su voz es como una burla desde la elegancia personificada en su porte hasta sus palabras filosas recordándome que estoy en sus manos. Aun así no me dejo intimidar y le dirijo una mirada de desafío.
—No seas mal agradecido, si me he tomado tantas molestias fue por ustedes---
—Querrás decir para tu diversión.
—Claro ¿qué más sentido tiene lo que hago si no lo fuera?
En cuanto cierro mi puño, la llamada "Diosa" sin nombre ni rostro que pueda identificar y golpear, vuelve a reírse.
—Pero basta de introducciones, son aburridas y detienen lo que el público quiere ver.
— ¿Cuál público, maldita loca? ¡Eres el único espectador!
—Oh, que grosero. El hecho que no puedas verlos no quiere decir que estén ausentes. Todos han pagado el boleto y están más que encantados con la actuación de los protagonistas de la obra.
— ¡ESTÁS DEMENTE!
¡ESA ES EXACTAMENTE LA REACCION QUE QUIERO!
La Diosa Schadenfreude aplaude lento y pausado sin dejar de reír.
—Quería ver lo que haría el protagonista al conocerme por fin. Aunque es muy divertido, no puedo dejar que le digas a mi huésped lo que viste Así. que me aseguraré de que no me recuerdes cuando despiertes.
—Cobarde—Gruño con furia.
—No es cobardía, creeme, no puedes hacerme nada porque además de pertenecerme no lograrás levantarme un solo dedo antes de que te haga caer a mis pies. Incluso el Alfa protagonista con todo el guion a su favor no puede compararse al poder de un Dios.
— ¿Entonces por qué lo haces? Podrías dejarme dormir en paz en los brazos de la mujer que amo y no tendríamos esta discusión absurda.
—Vaya que eres sordo, dije que quería ver tu reacción. Ya la vi así que continúa tu acto.
— ¿Mi qué?
—El acto que tengo preparado para ti dentro de mi humilde y muy divertido escenario.
Aunque intento con todas mis fuerzas bajar de ahí para atraparla, la Diosa me enreda entre unos hilos finos que toman posesión de mis brazos y piernas hasta que finalmente la oscuridad cae sobre mí como un enorme manto.
Cuando abro los ojos no recuerdo lo que estaba haciendo hace unos momentos salvo que me había quedado dormido en brazos de Cady. Busco a tientas su cuerpo sin poder tocar algo sólido abriendo mis ojos descubriendo completa oscuridad.
Poco a poco una niebla espesa comienza a formar un lugar que sólo conozco en mis sueños.
Es ese parque, los mismos perros y una banca tan conocida que ya sé quién se sienta aquí. No necesito ver más para saber que me encuentro nuevamente en su cuerpo, solo me queda deducir en qué maldito tiempo se ubica en este momento.
¿Su infancia? ¿Presente? ¿Futuro?
No me importa lo que me muestre esta vez, solo espero que no sea la muerte de ella a los 18 años otra vez.
Durante esa casi semana en que estuvimos lejos soñé seguido con ese horrible momento, no podría soportar verlo una vez más.
Este es el mismo parque en que Eardwulf recibió la horrible noticia de "Sarah" el mismo lugar donde se sienta a esperar o perder el tiempo sin dejar de ver a un par de lobos que se parecen a Shawn y a Chiara.
Por favor, que Sarah no aparezca con el diario de Cadenza en sus manos y le diga las mismas palabras…
Mi rival saca de su bolsillo una cajetilla con cigarros y toma uno en su boca.
Observa el parque detenidamente de lado a lado buscando algo o a alguien.
Espero que no sea otro anuncio de muerte.
Por favor, que no lo sea.
Mi rival aspira con su boca del cigarro y exhala el humo dejando una ligera estela grisácea.
Espera un momento más, parece estremecerse cada vez que ve pasar cerca alguna mujer con cabello marrón largo y lacio, al ver sus rostros gruñe en decepción y continúa observando en su reloj la hora pensando en cada minuto que pasa.
—Día tres. Se acabó tu tiempo— Dice finalmente sacando el cigarro de su boca que lanza con indiferencia al piso, el cigarro se enciende un poco mostrando unas pequeñas llamas dentro, mi rival pisotea este con la punta de su zapato pulcramente lustrado.
—Eso me pasa por creer en niñas, nos veremos todos los días... Si claro.
El piensa si habría cambiado todo si le hubiera pedido su teléfono. De inmediato desecha esa idea con disgusto.
"Eren Eardwulf no suplica ni busca a nadie, son las mujeres las que tienen ese honor y si lo pierden entonces que se pudran"
Ah, tal vez se trate de Cady.
Aunque no parece mencionar nada de ella y la mujer en sus recuerdos que tanto busca no viste ni se parece a ella.
Para empezar Cady jamás llevaría puesto un atuendo tan atrevido y vulgar. Se avergüenza con demasiada facilidad y es un poco reservada como para esas ropas tan extravagantes.
Aunque... Esa mirada, esos malditos ojos color ámbar, si se parecen demasiado.
—50,000 por una noche en que solo tomé la mano de una mujer como novios de mano sudada. Soy patético.
Si este fuera el preludio de muerte, Sarah estaría en este momento intentando hablar con Eardwulf pero esa mujer tampoco se presentó. No lo entiendo, todo parece igual solo que hay algo que ha cambiado…
Eardwulf no para de quejarse ni siquiera dentro de su oficina.
Ante los demás permanece tranquilo, excepto cuando el hombre que se parece a mi abuelo lo regaña por haber golpeado a alguien en un "casino" desconozco lo que sea eso pero es Eardwulf quien permanece quieto apretando con fuerza la pluma en su mano sin sacarla del bolsillo de su traje.
— ¡EREN GRANT REVOLTOSO EARDWULF!
Mi rival acomoda su saco con indiferencia mientras voltea a ver con fastidio disimulado al lugar del que proviene esa voz.
—Harvey Collins fue a parar al hospital, incluso tuve que pagar los gastos... No lo entiendo, es tu amigo---
Mi rival no le responde, le deja hablando al darle la espalda y camina hacia la puerta de su oficina donde gira el pomo y apretuja su circunferencia con fuerza.
—Un amigo te dice cuando estás mal. Pero si eres un retorcido asqueroso sin remedio sabrá mandarte al cuerno—Dice a regañadientes antes de cerrar dejando a su abuelo con la palabra en la boca.
Una vez dentro libera un gruñido de frustración llevando sus manos a la cara tras despojarse del saco que avienta contra su silla con gran fuerza.
—Más le vale a esa estúpida de Candace no regresar ahí.
¿"CANDACE"?
Antes de acabar de sorprenderme por el nombre que ha mencionado, el hombre abre su cajón, saca un cuaderno forrado en cuero negro y ve unas anotaciones que hizo cuando era muy pequeño.
Después de remover entre las páginas encuentra un dibujo hecho en carboncillo de una niña de espaldas.
Al igual que yo le es imposible dibujar el rostro de Cady.
Su vestido tiene fresas bordadas y dos coletas.
—Se parecía tanto a ti.
Chasquea su lengua en una risa irónica.
—Incluso me recordó a tu forma de hablar.
¿Por qué lo hizo? Se preguntó al pensar en ese día. Él nunca se interpondría en los asuntos de otros, jamás. Para él la supremacía se determina para los más aptos y nunca los débiles.
Pero comenzó a sentir cierta debilidad y le prestó demasiada atención a la joven que arrodillada levantaba del suelo fragmentos de vidrio.
A pesar de la máscara en su mirada podía ver el cómo reprimía sus lágrimas, aunque era débil podía sentir su pequeña fortaleza en al menos evitarse llorar frente a todos.
Eso le pareció admirable.
Sin embargo el momento en que acabó por cautivarlo fue tras ese bofetón en su cara.
A diferencia de la primera niña que lo decepcionó al desaparecer de su vida sin siquiera una despedida, esa pequeña fiera podía hablar con fiereza.
— ¿Debería buscarla en el casino?
De inmediato desecha esa idea. Además de que jamás se rebajaría a ser quien persigue a alguien como perro faldero, sabe dentro de sí mismo que si esa mujer es como la recuerda sabrá alejarse de lugares como ese porque no habrá próxima vez.
— ¿Mujer? ¡Bah, era una chiquilla de 18 años! ¡Bien, Eren Grant Eardwulf, Grant zopenco, no volverás a dejar que una niña te engañe! ¡Todo por lo que trabajé estos años casi se hace añicos con ese acto de caridad!
Estaba seguro, la próxima vez que vea alguien más joven que él la verá por debajo.
Así es, ya se había metido dos veces en problemas y su abuelo a pesar de tener un pasado muy escabroso, no le bajaría de revoltoso durante alguna buena temporada. Todo por entrometerse y golpear a esa desagradable rata.
Muy bien, estaba decidido. Nunca más dejaár que una niña, a la que le lleve por lo menos cinco años de diferencia, vuelva a enredarse en su vida.
TOCTOCTOC
—Señor lobo elegante ¿Puedo pasar? —Dice una voz suave
Contrario a su afirmación interna anterior, Eren abre la puerta apresuradamente encontrando a una mujer de apariencia adulta y la pasa de largo viendo a los lados buscando a alguien entre los rincones del pasillo.
— ¿Acostumbras ser un paranoico? — Pregunta la mujer ganando la atención de mi rival.
Todo sucedió de una manera tan abrupta como los impulsos de mi rival que yo tampoco había notado la apariencia de esa mujer hasta que él la miró detenidamente.
Cabello de un tono rojizo, ojos azules con cierto destello verdoso, una sonrisa de saberse imposible de ignorar y el tamaño inconfundible de su pecho…
CARAJO.
¡ES ALEXIA ANDRIA HARPER!
Mientras me pregunto si será tan loca como esa bruja (literal y figurativamente) mi rival remoja sus labios al pensar que es una mujer muy atractiva.
Cierto, es un mujeriego peor que yo… más bien como yo hace unos meses y esto me da nauseas al sentirme tan sucio por ir como depredador sobre todas esas mujeres como si no pudiera mantener mis pantalones puestos ante las hembras que considerara guapas.
—Para nada aunque quizá desarrollé una porque creí escuchar una niña y acabo de encontrarme una hermosa mujer.
¡NO SABES EL ASCO QUE ME DAS!
¿Por qué tengo que ser su sombra? ¡Verlo desde su perspectiva hace que me sienta sucio!
— ¿De verdad? Creí escuchar el gruñido de un lobo feroz así que quise ser precavida.
—Eso fue porque hice un buen acto y me pagaron con traición—Menciona mi rival mientras hace pasar a la mujer a su oficina y cierra la puerta.
La mujer se ríe.
A diferencia de la manera de reír espeluznante de Freya que es fría y elegante la de esta mujer es cálida, juguetona y a la vez tiene algo de peligro en ella.
Vamos, que ambas están locas pero Alexia es peor porque puede parecer alegre y apuñalarte por detrás con una sonrisa.
—Yo también hice un acto muy noble—Se acomoda su cabello con los dedos detrás de la nuca mostrando su cuello, por supuesto mi rival gruñe por dentro como la bestia desesperada que es—Rescaté de las fauces de la muerte a un pequeño conejito.
— ¿De un gato, un coyote…?
—Una rata tal vez—la mujer se quita el abrigo y lo deja sobre el asiento—Dos, para ser precisa.
—No puedes decir tal vez y ser precisa en una misma oración—Dice mi rival evitando mirar directamente a sus grandes pechos que parecen a punto de salir de la prisión de su escote.
—Digo tal vez porque aunque son dos no sabría en que categoría de animal entrarían.
Mi rival piensa de manera racional y a la vez su lado animal sobresale. Sin embargo esas palabras de la mujer de haber rescatado a un conejo le parecen tan parecidas a su situación que solo consiguen irritarle por sobre cualquier otro deseo.
—Pues hiciste mal—dice seco mirando hacia el dibujo en carboncillo de una niña de espaldas—Le quitaste su alimento a un depredador y ese conejo indefenso es incapaz de defenderse así que tarde o temprano encontrará un depredador que le devore.
—Tienes razón, los conejos son presa por naturaleza. Su esperanza de vida es pequeña y dado el caso que se le pueda mantener lejos de un depredador que intente comerlo existe uno peor.
¿Peor?
—Sí, los conejos pueden enfermarse con extrema facilidad pero hay una bacteria en particular que es más letal que un simple carnívoro.
La mujer que parece Alexia en todo su esplendor traza con su uña una línea invisible y da vueltas a su dedo, al aproximarse y recargarse sobre el escritorio sus pechos se apretujan contra este haciendo que sea cada vez más imposible para mi rival apartar su mirada de tales dotes divinas.
ME AVERGUENZA TANTO.
—Es pequeña, parece inofensiva pero ataca a la mente torturando al pobre gazapo hasta rendirse—Continúa hablando aunque mi rival apenas escucha lo que dice pues su concentración está en medio de esos bultos redondos que le hacen preguntarse si es posible que desafíen tanto la gravedad y pueda caminar con ellos.
—Hablar de conejos no me gusta, ni siquiera me agradan esas cosas débiles.
— ¡Ja, ja, ja eres muy gracioso! ¿Sabes? Hablas de los conejos como si conocieras uno.
Eardwulf piensa en un conejo, pero este tiene la forma de una pequeña mujer con ropas atrevidas saltando bajo la luz de las estrellas con una sonrisa radiante.
—Los conejos son extremadamente débiles. Incluso carecen de cojines en sus patas para que un día se deterioren, su piel y sus huesos son tan suaves y delgados como para facilitarle a su depredador hundir su mandíbula así quebrarlos de una sola mordida. Los detesto, es como si la madre naturaleza los creara apropósito con el fin de entretenerse y verlos morir de mil maneras.
— ¡Oh, de verdad eres muy divertido!
Se burla la mujer.
— ¿Entonces qué prefieres?
—Los lobos por supuesto.
—Claro, un depredador que puede soportar grandes penurias—Lleva los dedos a su barbilla como si pensara detenidamente en algo—Entonces está decidido, voy a enseñarle al conejito a ser un lobo.
¿Está loca? ¿Qué disparates dice esa mujer? Tanto mi rival como yo nos preguntamos exactamente lo mismo.
—Los conejos viven muy pocos años, los lobos en cambio son longevos y resistentes. Definitivamente vivirá si aprende a ser un lobo…
Dice la mujer como si fuera una conversación casual.
—Pero me estoy yendo por las ramas ¿cierto? Hablemos de negocios—Cruza su pierna exponiendo su muslo bajo el vestido ajustado.
— ¿Vienes a publicar un libro? —Pregunta él aclarándose la garganta.
—Por supuesto el señor Eardwulf ya te habrá dado por enterado.
—En realidad no.
Quizá eso es lo que le iba a decir antes de lanzarse con aquella reprimenda por su acto salvaje en el casino.
— ¿Tienes en mente tu seudónimo o lo harás con tu nombre de pila?
Mi rival saca de su cajón un contrato y comienza a llenar cada espacio procurando no quitar su vista de este para evitar cruzarse con esa tentación de cuerpo.
—Tengo un seudónimo. Soy Goldess Endypit
¡SPLURT!
La pluma tira tinta.
—Imposible ¿Pues cuál es tu edad?
—A una dama no se le hace esas preguntas.
—No pareces tan mayor, es decir cuando leí una de tus novelas yo tenía 17 años es imposible que---
¡Pffft!
Su risa hace que mi rival gruña en respuesta.
—Ah, creí que eras un editor con mente de genio pero veo que eres muy fácil de tontear—golpetea su barbilla con la punta de su uña—Por supuesto que la suma no te daría, soy su hija pero es un seudónimo que compartimos.
— ¿lo pasan de generación en generación?
—Oh, podría decirse que es algo así.
—Endypit... ¿sería indiscreto si pregunto---?
¿Qué significa? Piensa sin terminar, la mujer de inmediato responde como si pudiera leer sus pensamientos.
—Dime, Joven editor lobo ¿sabes el significado de una serendipia?
—Por supuesto—Se acomoda la corbata—Una serendipia es una casualidad inesperada.
La mujer primero tararea con un “Hmm” que vibra entre sus labios y lleva un índice a la comisura de su labio de un tono casi negro.
—Veo que eres letrado pero no lo suficiente en especial en términos en lo que concierne el amor.
Eardwulf gruñe, detesta que le traten de tonto en especial cuando le corrigen.
—Es cierto, es una casualidad, un día andas por la calle y encuentras por casualidad a una persona pero oh, sorpresa. No es cualquier persona ni es un encuentro tan ordinario porque ambos sienten un "algo" eso que les jala hacia el otro como un choque electromagnético entre polos opuestos.
Eardwulf solo puede pensar en la joven de máscara que lo ha dejado plantado mientras apretuja en su mano la pluma que continúa goteando tinta.
—La atracción es inevitable incluso si uno de los dos no buscaba alguien precisamente de esas características o no sea su tipo ideal.
Eardwulf piensa en la sensación de su mano cuando la sostuvo, su cabello de un tono castaño brillaba con la luz nocturna de los faroles. Una joven demasiado alejada de sus estándares y gustos habituales, incluso su cuerpo distaba mucho de lo que pudiera considerar “sexy” ¿Entonces por qué?
—Cuando se vive planeando todo te pierdes de las sorpresas de la vida y de aquellas oportunidades únicas e irrepetibles—irrumpe sus pensamientos de nuevo al mirarlo fijamente a los ojos—Yo escribo de ello. Novelas de lobos y sus destinos enlazados por un vínculo pero, seré sincera, Wolf. No creo en nada de ello.
¿En qué momento le dijo que lo llamara así? Solo sus amigos cercanos le conocen por ese apodo.
—Aquello que llaman parejas destinadas e hilos del destino así como dioses sin nada mejor que hacer que atar a dos almas que seleccionan cuidadosamente ¿Quién haría algo tan aburrido?
Ni Eardwulf ni yo nos habíamos percatado del momento en que esa mujer había pasado de su silla caminando hasta detrás del escritorio sentándose sobre sus piernas.
—Pero a veces la serendipia es algo tan extraño y curioso. Ahora tengo en la mira buscar si aquello de verdad existe.
Eardwulf tensa su cuerpo, esa mujer atrevida exhala peligro en cada fibra de su ser pero no puede evitar dejarse enredar entre sus palabras y toqueteos provocativos.
—Y es por ello que escribo historias de este tipo esperando sentir que existen.
—Pues los libros de Endypit son muy reales—Responde con una voz grave casi gutural.
—Exacto—Se acomoda saltando sobre su pierna—Quiero escribir algo real. Una obra sin precedentes, algo impactante que pueda poner en un escenario y que el mundo entero diga "Ah, ellos se merecen"
—Primero escribe la historia y después si las ventas lo dictan podrás hacerlo película si quieres—Ni siquiera sus intentos por disimularlo pueden disfrazar en su voz aquel instinto animal.
—¡Oh, pero si ya tengo el teatro, Wolf! Solo estoy esperando a que la actriz principal esté lista para tomar su papel.
—Me agrada que tengas iniciativa. ¿De qué tratará tu historia?
No miente, Eardwulf desde hace tiempo decidió que su pareja destinada debería ser una mujer fuerte, decidida, audaz. También debe ser atractiva y gozar de un cuerpo perfecto, esa mujer frente a él exuda todo ello y más.
Es una lástima que sea su editor a cargo pues si fuera un bar ya la habría llevado a un hotel.
—Un pequeño conejito... Una omega, frágil como un brote su mente también lo es, un día por un encuentro fortuito del destino se encuentra con un precioso y muy varonil Alfa que a pesar de odiar a los seres débiles queda cautivado por esa frágil criatura y hace todo cuanto puede pata protegerla de las garras de la muerte. Pero hay un pequeño detalle, es el destino de esa omega morir joven sin importar cuánto se esfuerce ese Alfa.
— ¿Quién carajo leería algo tan aburrido y trágico?
—Lo mejor será el erotismo que hay entre los dos.
Se acerca al oído de Eardwulf acariciando su hombro y bajando su mano por el pecho.
—Porque después de todas esas veces sin poder salvarla finalmente podrá saber lo que es tener su anhelado cuerpo debajo de él—Apretuja sus pechos contra él quien ya no puede contenerlo más—Saber lo que es oler su cabello una mañana al despertar con la joven desnuda en sus brazos, sentir sus latidos vivos y el calor de su cuerpo...
Eren detiene su mano.
—No parece una historia muy comercial que digamos, tal vez necesite discutir un poco más a fondo los detalles y pulir a esos personajes.
Es más que obvio las intenciones de mi rival.
Hablar de omegas débiles no sólo le ha irritado hasta el punto de querer romper algo también la descripción detallada le hizo pensar en sus deseos imposibles. Ese pequeño entremés fue solo un pasatiempo para no aburrirse en la noche, como encontrarse un perrito abandonado en la calle y jugar con este por unos minutos, de todos modos jamás se llevaría a casa un ser tan débil.
Un lobo necesita a su lado a un lobo y un Alfa requiere una pareja poderosa y hermosa.
Es un imbécil.
—Me gustan más las conejitos indefensas que los lobos malos y rudos. Pero haré una excepción contigo— dice enredando sus brazos y pegando su enorme pecho rebotando contra él.
Eardwulf jamás se había acostado con mujeres que estuvieran en su círculo laboral, nunca habría pensado en tocar escritoras sin embargo hizo su primera y más errónea excepción.
Dejándose llevar entre distintas sensaciones más allá de la lujuria acaba por sucumbir a esa tentación como lo es Martha Chandler.
Buen cuerpo, una mujer con todas las letras, nada como esas jóvenes inmaduras incapaces de cumplir una promesa. Exacto ¿Para qué conformarse con una mocosa menor que él con la que solo podría jugar a la casita como niños en el recreo si puede tener una verdadera mujer?
Esa mujer tenía todas las cualidades perfectas para una pareja. Solo debía comprobar que lo fuera al unirse con ella de una manera más profunda.
Después de la faena en que Eardwulf no se sintió asqueado y pudo sentir una cúspide de sensaciones placenteras en el acto sexual al finalizar solo quedó el vacío.
Un muy profundo y abismal vacío.
No podía creer que durante ese momento que debió ser espectacular debido a las habilidades tan fuera de lo ordinario de esa mujer solo pudiera pensar en la joven del casino.
Para su decepción Martha no era para nada la mujer que había esperando encontrar, le da una calificación alta por sus habilidades para hacerle sentir en el cielo pero ese no es el paraíso completo.
Esa noche tampoco se quedaría a dormir en la misma cama con una mujer, rápidamente se vistió y al salir del hotel el frío del exterior sopló en sus huesos.
Durante años no se había podido quitar a una pequeña niña de la cabeza preguntándose cómo se vería si la encontrara frente a él después de todos esos años pero bastó un pequeño encuentro, una serendipia como le llamó Martha, para olvidarse de esa niña o al menos dejar de buscarla.
Ahora en su lugar esa joven saltarina que le había dicho "Me gustas" con la misma ternura que esa niña abundando en sus pensamientos, era quien torturaba su mente por algo inalcanzable.
¿Hasta cuándo continuaría atacando en sus recuerdos?
Mi rival saca otro cigarro y lo enciende mirando al cielo nocturno. Sus pasos lo guían hasta el parque donde una vez más se siente contemplando las estrellas preguntándose si ella estará viendo ese mismo cielo en ese preciso momento.
***
Su vida era una rutina, aunque tenía diversión por las noches en realidad no podía dejar de esperar a un imposible en la misma banca, Desde Abril hasta noviembre, cada día del mes sin falta, observando a los perros pasar recordando una promesa vacía.
Esa mañana en particular no esperaba nada, incluso se había prometido no volver a esperar en vano escuchar su voz afuera de esa puerta.
Ermenrich, quien hace la copia exacta en mi abuelo, le da de nuevo un gran sermón por acostarse (otra vez) con una de las escritoras. Ya para nadie es un secreto que Eren Eardwulf es un mujeriego peor que antes pues no respeta ni a las autoras a su cargo. Por supuesto jamás ha forzado alguna de ellas, todas se han entregado entusiastas por probar un pedazo de aquel hombre que rumoran entre todas.
Eren no discute, en realidad espera a que el hombre termine de regañarlo para continuar con su rutinaria pero perfectamente ordenada vida.
TOC…TOC
La forma de tocar de esa persona es muy suave. Lenta, frágil como si tuviera miedo de lo que pueda encontrar dentro.
Yo tampoco creo que sea algo extraordinario hasta que escucho su voz "¿Señor Eardwulf?" En el momento que esa puerta se abre y una joven de cabello corto de un marrón medio ligeramente llegando a los hombros, ojos amarillos ámbar como una cálida fogata entra a pasos lentos y cortos como si se encontrara en las fauces o la cueva de una bestia peligrosa, todo cambia abruptamente.
Siento la irritación de Eardwulf quien ha cerrado su corazón desde hace meses y a la vez siento el mío latir con fuerza.
Este es el primer día que Cadence Beckham conoció a su editor, su jefe, mi rival.
Eren Eardwulf.
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Al abrir los ojos al sonido del alba, lo primero que percibo es un ligero cosquilleo en mi pecho al acomodar su cabeza y abrazar mi torso como si fuera un gran almohadón.
Cadence, incluso si se ve diferente solo puedo ver en ella a esa joven de personalidad cambiante que a veces es suave y frágil como un conejo y otras una fiera lista para defenderse.
Me pregunto la razón de esa represión, a la vez agradezco ser yo quien la haya descubierto. Que haya sido yo el protagonista y nadie más, saber que mi rival jamás pudo poner sus manos en ella ni conoció lo que es escuchar sus gemidos y sentir las delicias de conocer su cuerpo. Apuesto por todo lo que vi en mi sueño que jamás supo como era su sonrisa.
Yo tampoco tengo por completo su cuerpo pero eso no importa. Ella sabe que soy su primero y nada ni siquiera la separación inevitable podrán borrar eso.
Soy su primer beso, el primero en cruzar ese límite puesto por ella.
Me sonríe cada día, me mira a mí, es mía y yo soy suyo.
Beso su frente, acaricio su cabeza mientras mi amada abre sus ojos lentamente y sus orbes amarillos me reflejan en ellos cuando me sonríe sutil.
"Buenos días, novia" le digo sintiendo el calor en mi pecho al llamarla como ni siquiera Eardwulf ha podido.
"Hola, novio"
Me dice con algo de pereza tallando sus ojos y con una tierna sonrisa en los labios.
Espera…
¡¿Eso dijo?!
¡Repite eso!
¡No escuché bien, dímelo otra vez!
Martha Chandler, la extraña y atrevida mujer que llamaba a Cady "conejita" por llevar una pijama con estampado de conejos ¿No fue una coincidencia? ¡Muchas gracias por sus comentarios y me gusta!¡Wow! ya más de 1900 vistas, de verdad es precioso saber que alguien lee la historia que escribo cada día con mucho gusto y amor. Ya nos acercamos a la recta final, por favor califiquen la novela para que más personas la puedan conocer. Estaré actualizando mucho más seguido.







