XENIA
Siento que estoy cargando hacia una batalla por los pasos largos que doy al atravesar el lobby del hotel. Ya tengo los puños apretados, lista en cualquier momento para lanzar un golpe a quien se atreva a acercarse.
A lo lejos, pude ver a Aron afuera, sonriendo ampliamente como si estuviera esperando mi llegada. Pero cuando salí del hotel, no me acerqué a él; simplemente pasé de largo.
—Señorita Caietta, ¿a dónde va?
—¡Métete en tus propios malditos asuntos! —le solté cuando logró alcanzarme.
—No tome transporte público. —Aron me mostró lo que tenía en la mano. —Sus llaves del coche—. Señaló mi auto detrás de mí. Por eso el coche que estaba detrás de él antes era mío. Con razón parecía estar esperándome.
Le arrebaté las llaves bruscamente y me di la vuelta enseguida. Cuando abrí la puerta del asiento del conductor, lo encaré primero.
—¡Dígale a su jefe que es un monstruo!
El impacto era evidente en el rostro de Aron ante mis palabras.
—Y dígale que vaya a matarse porque no vale n