XENIA
—Aún tengo trabajo, Adriel. —Aparté la cabeza para evitar que me besara.
—Soy tu jefe, así que me encargaré de cubrirte.
—P-pero... —no pude terminar; Adriel me calló con un beso. No pude protestar y correspondí al instante.
Él me sujetó para mantenerme en pie. Caminamos despacio, todavía con los labios unidos. Tras un momento, mi asiento golpeó algo duro. Me sobresalté cuando varios objetos cayeron al suelo; al mirar, Adriel ya había apartado las cosas de su mesa.
Tomó mis manos y me ayudó a sentarme sobre la mesa de su despacho. Subió mi falda con rapidez hasta la mitad de mis piernas y se colocó entre ellas.
—Maldita sea, Caietta. Siempre estoy ansioso por reclamarte —dijo, recobrando el aliento al separarnos.
—A-Adriel, yo solo...
—¿Sigues adolorida?
Comprobé por mí misma. Ya no sentía dolor; quizá había pasado poco tiempo desde aquella noche en que me emborraché y me dormí.
Negué con la cabeza y la sonrisa en sus labios se amplió.
—Bien. No te preocupes, será rápido, pero m