veintitrés

XENIA

—Aún tengo trabajo, Adriel. —Aparté la cabeza para evitar que me besara.

—Soy tu jefe, así que me encargaré de cubrirte.

—P-pero... —no pude terminar; Adriel me calló con un beso. No pude protestar y correspondí al instante.

Él me sujetó para mantenerme en pie. Caminamos despacio, todavía con los labios unidos. Tras un momento, mi asiento golpeó algo duro. Me sobresalté cuando varios objetos cayeron al suelo; al mirar, Adriel ya había apartado las cosas de su mesa.

Tomó mis manos y me ayu
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