XENIA
—Me voy después de almorzar, Caietta. Ya me necesitan en la oficina —Adriel rompió el silencio.
Estábamos en el patio. La abuela Gertrude ya no quería que la ayudara a preparar el almuerzo, así que me echó afuera hacia Adriel, a quien encontré hablando por teléfono. Ahora que lo pienso, ¿dónde estaban ya sus secuaces? No los había notado desde que llegamos. Parecía que había seguido lo que le dije... mantenerse alejado de nosotros por ahora.
—Está bien. Cuídate —respondí sin emoción.
Sus