XENIA
Sentí como si el tiempo se hubiera detenido en el momento en que escuché lo que dijo Adriel. Aunque sabía que solo lo había dicho delante de mi abuela para responder a su pregunta, aun así sentí que sus palabras tuvieron un enorme impacto en mí. Y aunque era consciente de que él no creía en el amor, ¿por qué me sentía así? ¿Por qué me afectaba tanto? Fue entonces cuando me di cuenta de que mi corazón latía con fuerza.
—Querida, ¿lo oíste? Adriel dice que te ama. ¿No tienes nada que decir? —preguntó la abuela.
Volví en mí solo por las palabras de la abuela. Aun así, me sentí paralizada por su pregunta.
—¿E-eh? —pregunté, aturdida.
—Te pregunto si escuchaste lo que dijo Adriel. ¿Qué vas a decirle?
Oh, no.
De repente me sentí presionada por la pregunta de mi abuela.
¿Qué se supone que debo decirle a Adriel?.
Para ser sincera, no me había preparado para nada de esto. Nunca se me pasó por la cabeza que las cosas llegarían a este punto, que mi abuela haría una pregunta así. Y mucho me