XENIA
Me desperté con golpes continuos en la puerta de mi habitación. Entrecerrando los ojos, miré el reloj de pared para ver la hora. Fruncí el ceño; apenas era la una de la madrugada.
—¡Xenia, abre esta puerta! ¡Rápido! —gritó el tío Hayden desde fuera de mi habitación. De inmediato me preocupé porque me llamó por mi verdadero nombre. Eso me despertó al instante.
Rápidamente me levanté de la cama y fui a la puerta para abrirle al tío Hayden.
—Tío, ¿no le dije…? —dejé de hablar al ver a Adriel luchando por mantenerse de pie. Se apoyaba pesadamente en un hombre más grande que él, apenas podía levantar la cabeza debido a la borrachera. El olor a alcohol me golpeó la nariz, haciéndome arrugarla.
Abrí la puerta para dejar pasar al tío Hayden. También ayudé a sostener a Adriel, sintiendo que ambos podrían colapsar bajo su tamaño y peso.
—Te dije, tío, que no le dieras ese tipo de alcohol. Está acostumbrado a bebidas caras —reprendí a mi tío mientras ambos nos esforzábamos por llevar a Adr