La lluvia golpeaba las ventanas como puños desesperados. Alicia bajó las escaleras lentamente, sintiendo cómo el ambiente se tensaba con cada paso. Anderson estaba en el recibidor, mojado, sus cabellos pegados a la frente, y su expresión revelaba algo que iba más allá de la preocupación: era urgencia pura.
Mark estaba a su lado, y aunque lucía igual de mojado, sus ojos ardían con una determinación que Alicia había visto pocas veces en él.
—Alicia, necesitamos hablar. Todos. Ahora —dijo Anderson