La sala de Isabel exudaba una tensión sofocante. Las amigas estaban dispersas en los sofás, intercambiando miradas cargadas de incertidumbre. Alicia se encontraba de pie, mirando por la ventana hacia el jardín donde, apenas hacía minutos, Lisa las habia saludado con ese enigmático comentario sobre el "club de las felizmente divorciadas".
—¿Alguien más lo sintió? —preguntó Camila, rompiendo el silencio incómodo mientras se retorcía un mechón de cabello entre sus dedos.
—¿Sentir el qué? —respondi