[POV DE IRIS]
El golpe fue suave, vacilante, pero atravesó la densa niebla del sueño como un cuchillo.
Gemí, enterrando mi rostro más profundamente en la almohada. La noche había sido larga, inquieta, perseguida por recuerdos que no podía sacudir.
—¿Señorita Iris? —llamó una voz suavemente desde fuera de la puerta.
María.
Parpadeé para despertar, mi mente aún lenta, y levanté la cabeza. —¿Sí? —grazné.
—La señorita Sofía me pidió que le dijera que le gustaría que viniera al salón de pruebas —dij