[PUNTO DE VISTA DE IRIS]
Las puertas se abrieron con un suave zumbido y, por una vez, no sentí que me estuviera escapando de una jaula.
Me recosté en el asiento de cuero; el aroma del costoso perfume de Sofía se mezclaba con el aire fresco de las rejillas de ventilación. La ciudad se extendía ante nosotros, brillante. Parecía irreal. Era la primera vez que Sofía me invitaba a salir por voluntad propia, no por obligación ni por imposición, sino como si le importara.
De compras para la boda. Dijo