[PUNTO DE VISTA DE SALVATORE]
En el instante en que entré a la sala de juntas, todo se detuvo. Anton caminaba justo detrás de mí.
Las voces se silenciaron. Las risas se apagaron. Incluso el sonido de los papeles moviéndose desapareció. Fue como si alguien hubiera apretado un interruptor.
No le había avisado a nadie que vendría. Ni a los directores. Ni siquiera al gerente interino. Rara vez me dejaba ver por aquí, y precisamente por eso entraron en pánico cuando lo hice.
Las sillas rasparon con