[PUNTO DE VISTA DE IRIS]
—¿Cuál de ustedes es Iris?
La pregunta se repitió, lenta y deliberada, como un tajo cortante.
Cuatro hombres desnudos estaban frente a nosotros, con la mirada escrutadora. El aire olía a sudor y miedo. Me ardían las muñecas donde la cuerda se clavaba en mi piel; cada respiración era superficial e irregular. A mi lado, Sofía sollozaba en silencio, con sonidos suaves y quebrados, como una esperanza que se desvanecía.
Bajé la cabeza y recé. No con palabras. Con necesidad.