Mundo ficciónIniciar sesiónLa cena había terminado y la casa se encontraba en un ambiente extraño de silencio. Los hermanos se dispersaban, cada uno hacia su propio rincón. Mientras Edrik seguía contando sus chistes, la figura de Darion se mantenía firme y callada en su asiento.
Su presencia era casi tan imponente como la sombra que proyectaba sobre la pared, y yo no podía evitar fijarme en él. Con su cabello negro y revuelto, que caía en mechones desordenados sobre su frente, y sus ojos violetas, que brillaban con






