La luz del sol de la mañana se filtraba de manera implacable a través de los inmensos ventanales del ático, proyectando largas sombras sobre las sábanas de seda revueltas.
Daniela se despertó lentamente, sintiendo el peso reconfortante del brazo de Elliot sobre su cintura y el calor de su cuerpo contra su espalda.
Con solo un leve movimiento sintió un dolor satisfactorio por todos lados.
Ese dolor era la muestra de todo lo que Elliot le había hecho el día anterior.
Por un breve instante, la p