El sol de la mañana en las Bahamas tenía una cualidad casi irreal.
Era una luz tan blanca y pura que parecía capaz de lavar cualquier pecado, cualquier secreto guardado bajo llave en las suites de lujo del resort.
Sin embargo, para Daniela, esa claridad solo servía para resaltar las sombras que aún bailaban en los rincones de su mente.
Caminaban por el sendero flanqueado por palmeras hacia la entrada principal del hotel.
El aire olía a salitre, a flores de hibisco y al café recién hecho que