Las semanas en las Bahamas se deslizaron entre sus dedos como la arena blanca de sus playas: fina, cálida y fugaz.
Para Daniela, el tiempo había adquirido una cualidad elástica.
Los días de sol absoluto, cenas bajo el manto estelar y una intimidad que desafiaba cualquier lógica contractual habían creado un espejismo de permanencia.
En ese rincón del mundo, no existía el apellido Vance como una carga, ni los flashes de los paparazzi, ni las sombras de sospecha que ella misma había alimentado s