La luz de la mañana en Nueva York tenía una claridad despiadada.
Una semana.
Había pasado una semana entera desde aquella noche de supernova en la sex shop, una semana desde que las promesas de lealtad y entrega total se sellaron en la oscuridad.
Y, sin embargo, Daniela sentía que el abismo entre ellos nunca había sido tan ancho.
Sabe que tiene que hacerlo.
Lo sabe cada vez que siente el roce de su vientre contra la ropa, cada vez que Elliot la abraza por la espalda y ella tiene que contene