Daniela sintió que la sangre se le congelaba en las venas.
Estaba allí, de pie ante la vitrina que guardaba los secretos más oscuros de su jefe, cuando la voz de Elliot restalló como uno de esos látigos de cuero.
—¿Qué haces aquí, Daniela?
Ella se giró con el corazón en la garganta.
Elliot estaba apoyado en el marco de la puerta, con la camisa desabrochada y una mirada que no admitía mentiras.
Daniela intentó formular una excusa profesional, algo sobre buscar toallas o perderse en los pasill