EMILIA
No podía dormir.
El techo se sentía como una pantalla blanca donde se proyectaban todos mis recuerdos. Mi madre diciendo que “no fue tan simple”. Brandon haciéndome el amor después de cinco años de matrimonio vacío, mientras yo lo echaba de mi vida con las manos temblorosas.
Y ese silencio. Ese maldito silencio que dejaba huecos en el pecho. Me giré en la cama una, dos, cinco veces. Nada.
Me levanté. Caminé en la oscuridad, guiada solo por el pulso que latía como un tambor en mis sienes.