BRANDON
El cielo afuera estaba nublado y amenazaba con una lluvia torrencial, de esas que te obligaba a quedarte en casa.
La oficina estaba en silencio, solo estábamos Emilia y yo. Ella estaba sentada en el sillón, con las piernas cruzadas y los dedos jugueteando con una pulsera. Estaba inquieta, lo notaba, pero no más que yo. La quería proteger de todo y el problema que teníamos encima no era fácil de lidiar.
Me acerqué despacio. Me senté a su lado, lo suficientemente cerca como para oler su