BRANDON
Contentar a Emilia no sería tarea fácil. No después de todo lo que habíamos pasado, la indiferencia que tuve por ella, por un secreto aún más grande que solo ser la hija de la amante de mi papá. La quería jo**der y no soportaría verla lejos de mí de nuevo.
Me quedé allí, de pie, con la puerta cerrada en mis narices, una cena romántica arruinada, el corazón hecho pedazos, y sin el amor de mi vida.
No me iba a rendir, no después de todo lo que había avanzado con ella, porque la quería de