BRANDON
El mundo se detuvo y me pegó como un puñetazo invisible directo a la cara. No, no, no. Yo no había hecho nada malo.
Juro por todo lo que soy que el aire se volvió plomo. No por Olivia, ni por el beso que acababa de arrancarme sin permiso. El peor escenario se estaba dando porque Emilia vio el beso con mi ex, la mujer con la que pensó que había pasado nuestra noche de bodas.
Mi esposa estaba ahí, parada en el umbral del salón privado. Sus ojos, esos que alguna vez me miraron con ternur