Ese domingo por la mañana...
Mariana cepillaba su cabello rojizo con una impaciencia que parecía que quería arrancar los mechones desde la raíz. Sus ojos permanecían fijos en el espejo reflejando la ira mientras esperaba que Noah regresara de esa maldita junta de domingo que ya la tenía fastidiada.
Al igual que Noah, Mariana era huérfana y la sobrina de un empresario que había fallecido dos años atrás a causa de un infarto; le había dejado una pequeña fortuna, aunque aquello no era ni la décim