Mariana compartía con Emma algo más que el pasado con Noah y eso era la incertidumbre del sexo del bebé que crecía en sus entrañas. Ella contaba los días para que los tres meses de su embarazo se cumplieran, rogando al cielo que fuera un niño el que se desarrollara en su interior.
Traer un hijo varón al mundo era su único trabajo, y ahora este parecía ser el más complicado de todos. ¿Qué carajos haría de no ser así? Su primera respuesta fue la obviedad de seguir practicando, de seguir abriendo