El auto se detuvo frente a la imponente fachada de la nueva residencia. Emma bajó del vehículo y sus ojos se abrieron con una alegría que no pudo ocultar; el brillo que emanaba de su mirada era tan genuino que Benedict se quedó un momento contemplándola, fascinado por cómo la luz de las grandes lámparas resaltaba su felicidad. Entraron juntos a la casa, y el eco de sus pasos sobre el mármol pulido anunciaba el inicio de su propia ley. Emma recorrió el vestíbulo con la vista, admirando la elegan