La sala de juntas de Industrias Campbell estaba sumida en un silencio tenso, donde únicamente era escuchado el leve murmullo del aire acondicionado y el roce de las carpetas sobre la mesa de caoba. Robert presidía la mesa, con el rostro endurecido y la mirada clavada en el reloj de pared. Su hijo siempre había sido el hombre más puntual de la organización; para Benedict, llegar tarde era una falta de respeto al poder que ostentaba. Sin embargo, los minutos pasaban y el asiento principal a su de