Angélica caminó con paso felino por el pasillo que conducía a los sanitarios, ajustando su postura para que cada centímetro de su figura gritara la nueva posición que ostentaba. Vio a Noah recargado contra la pared, justo antes de entrar al área de hombres; tenía la respiración agitada y los puños tan apretados que sus nudillos parecían querer traspasar la piel. Su rostro mostraba una molestia que Angélica disfrutó observar, lo miro por unos segundos hasta que al fin rompió el silencio.
—Vaya