Si Emma estaba dispuesta a algo el sábado del compromiso, era a no pasar desapercibida.
La gente de la élite era experta en mostrar sonrisas falsas y miradas que desnudaban defectos. Eran como buitres esperando encontrar carne debil para lanzarse sobre ella. Sobre todo Mariana. Y Emma no estaba dispuesta a permitir que la vieran inferior. Porque no lo era. Tal vez no había nacido en una familia privilegiada, pero era más inteligente que muchos de los que estarían esa noche ahí, y estaría a la a