Emma marcó el número de su madre con los dedos temblorosos, sintiendo que el teléfono pesaba una tonelada. En cuanto Angélica respondió, la voz de Emma salió como un hilo roto, llena de angustia. Le explicó que Benedict había tenido un accidente y que estaba en el hospital; Angélica no perdió el tiempo en preguntas innecesarias, anotó la dirección y le aseguró que salía para allá de inmediato. Emma colgó y se hundió en el asiento trasero del auto, con el rostro transparente y una punzada aguda