Sintió el viento helado en la cara, mientras sus músculos se agarrotaban.
La loba estaba escondida entre los árboles y las rocas, esperando a que pasara la comitiva del Alfa, los detendrían en ese momento.
No entrarían en Jardín, ni se harían más fuertes.
Respiró hondo y agarró con fuerza la empuñadura de su espada mientras entrecerraba los ojos para intentar enfocar en la oscuridad.
Era una noche gélida, sin luna, y el frío mordía.
A su lado, el macho de ojos grises permanecía inmóvil, con la