El rugido del motor era el único sonido en el coche mientras Samer conducía hacia la zona industrial. Agatha, sentada a su lado, repasaba mentalmente las pocas herramientas que tenían para enfrentarse a Ahmed. Karim, en el asiento trasero, no dejaba de ajustar los detalles en su equipo portátil, tratando de obtener más información antes de llegar al lugar.
—Hay una cámara de seguridad en el área que podríamos hackear para ver qué nos espera —anunció Karim, sin apartar la mirada de la pantalla—.