El silencio que siguió al ultimátum de Ahmed era tan espeso que parecía tangible. Agatha, aún detrás de la columna, sentía el peso de las palabras de Ahmed aplastándola. La mirada de Samer no se apartaba del hombre que había logrado sacudir su plan al límite, mientras Karim estudiaba nerviosamente la situación, sus dedos tamborileando de manera compulsiva contra su pierna.
—Si algo le pasa a Farid —dijo Samer con un tono glacial—, te aseguro que no habrá lugar donde puedas esconderte.
Ahmed sol