El búnker era pequeño y claustrofóbico. Agatha sentía la opresión del espacio cerrado, y el sonido sordo de las explosiones en la superficie apenas mitigaba el constante zumbido de la tecnología a su alrededor. Los monitores eran su única conexión con el mundo exterior, pero cada escena de batalla que veía la llenaba de una sensación de impotencia.
Samer había salido hacía solo unos minutos, pero cada segundo que pasaba sin noticias parecía una eternidad. Agatha no era una mujer acostumbrada a