Samer guardó el teléfono con una rapidez fría, su mente ya trabajando en la próxima jugada. El peligro se acercaba, y aunque habían tomado todas las precauciones posibles, sabía que Al-Fayed no se detendría hasta verlos destruidos. Habían subestimado su alcance.
“¿Qué vamos a hacer?” preguntó Agatha, con una mezcla de miedo y ansiedad en su voz. Sus ojos se encontraron con los de Samer, buscando una respuesta que la tranquilizara, pero la gravedad en su mirada le indicó que la situación era más