Agatha se encontraba sentada frente a su laptop, su corazón latiendo con fuerza mientras revisaba los documentos que Samer le había dado. Los archivos contenían todo lo necesario para destruir a Al-Fayed: contratos ilegales, transacciones ocultas y testimonios comprometidos de aquellos que habían caído bajo su poder. Cada línea de información era una bomba de relojería, y ahora estaba en sus manos el detonador.
Samer caminaba de un lado a otro en el amplio salón, con el teléfono pegado al oído,