Samer y Agatha salieron del motel con movimientos rápidos pero calculados. Cada paso estaba marcado por el miedo latente de que alguien pudiera estar observándolos. El aire de la noche era frío, pero no lo suficiente como para calmar el fuego que ardía en sus mentes.
—¿Estás segura de que no nos siguieron? —preguntó Agatha, mientras Samer cerraba la puerta trasera del coche con un leve golpe.
—No estoy seguro de nada en este momento —respondió él, con una mirada dura que contrastaba con el nerv