La mañana siguiente llegó con la misma intensidad que las decisiones que Samer y Agatha debían enfrentar. Mientras él revisaba documentos en su estudio, Agatha aprovechó para ponerse en contacto con alguien que creía podría ayudarlos. No le había contado a Samer sobre sus planes, ya que quería tener algo concreto antes de involucrarlo.
Marcó un número en su teléfono, uno que no había utilizado en mucho tiempo.
—¿Laila? Soy Agatha. Necesito hablar contigo.
Del otro lado de la línea, una voz feme