La decisión de trabajar juntos trajo consigo una nueva dinámica para Samer y Agatha. Si bien había cierto alivio en saber que no ocultaban nada, también existía una presión creciente. Rashid no era un hombre que dejara cabos sueltos, y ambos eran conscientes de que cada paso debía ser meticuloso.
La mañana comenzó con un desayuno rápido y un mar de documentos sobre la mesa del estudio. Samer repasaba las notas que Karim había entregado mientras Agatha, decidida a no quedarse atrás, organizaba l